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January 19th, 2008

Spanish PDF.qxd 3/18/2003 9:57 AM Page 130 Cuba, la reconciliaci n nacional Dami n Fern ndez (Pinar del R o, Cuba, 1957) es profesor de relaciones internacionales en la Universidad Internacional de la Florida. Es especialista en pol tica cubana y en relaciones exteriores de Am rica Latina. Ha publicado varios libros, entre ellos Cuba and the Politics of Passion y Cuba, The Elusive Nation: Reinterpretations of National Identity (coeditado con Madeline C mara). Lino B. Fern ndez (Esmeralda, Camag ey, Cuba, 1931) es m dico psiquiatra. Est casado con Emilia Luz rraga y tiene tres hijos y ocho nietos. Fue preso pol tico en Cuba (entre febrero de 1961 y noviembre de 1977). En 1959, fue miembro fundador del Movimiento de Recuperaci n Revolucionaria en La Habana. En 1990, estuvo entre los fundadores de la Coordinadora Socialdem crata Cubana en Miami. Pedro A. Freyre (La Habana, 1949) es abogado. Graduado del Colegio de Bel n (Miami, 1967) y de la Universidad de Miami (licenciatura, 1970; Facultad de Derecho, 1975). Es miembro de los consejos de direcci n del Florida Humanities Council y del Florida Immigrant Advocacy Center, as como vicepresidente del Miami-Dade Community Relations Board. Fue instructor adjunto de ciencias pol ticas en la Universidad Internacional de la Florida (1988-1995). En enero de 2003, Morehouse College (Atlanta, Georgia) le otorg el Premio Ghandi-King-Ikeda por su trabajo a favor de la paz y la justicia. Carlos Garc a-V lez (La Habana, 1934) es biznieto de Calixto Garc a iguez, general del Ej rcito Libertador y de Vicente Mart nez Ybor, fundador de Ybor City en Tampa, Florida. Hasta 1960 ejerci como abogado en Cuba. Desde entonces reside en Miami. Trabaj 30 a os en el banco AMERIFIRST, donde empez de cajero y termin de presidente. Actualmente es director de varias compa as de seguros. Es ciudadano de EE.UU. Fernando Luis Gonz lez Rey (La Habana, 1949) es doctor en psicolog a. En la Universidad de la Habana, fue profesor titular, decano de la Facultad de Psicolog a (1987-1990) y vicerrector (1990-1995). Particip en la campa a de alfabetizaci n a principios de la revoluci n y milit en la Juventud Comunista y el Partido Comunista. En su ausencia, en 1995, fue expulsado del partido. Actualmente vive en Brasilia y trabaja como profesor en diferentes universidades brasile as. 111
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January 19th, 2008

Spanish PDF.qxd 3/18/2003 9:57 AM Page 129 Cuba, la reconciliaci n nacional Elisa Vilano Chovel naci en Guanabacoa, Cuba, y lleg a Estados Unidos hace m s de cuarenta a os, dentro del grupo de 14.000 ni os de la Operaci n Pedro Pan. A los 21 a os se qued viuda: su marido, el capit n de las Fuerzas A reas Estadounidenses Thomas F. Flanigan, muri en Vietnam. Tiene tres hijos y cuatro nietos. Es fundadora y presidenta del consejo del Operation Pedro Pan Group, Inc., una organizaci n que se ocupa en la actualidad de los ni os necesitados. Es una de las m s importantes agentes inmobiliarias de Esslinger-Wooten-Maxwell en Miami. Jorge I. Dom nguez es profesor de ciencias pol ticas en la Universidad de Harvard. Ha publicado los libros Cuba: Order and Revolution y To Make A World Safe for Revolution: Cuba s Foreign Policy. Ha sido presidente del Instituto de Estudios Cubanos (1990-1994). Mar a Dom nguez es abogada y profesora en Miami. Fundadora y Directora del Instituto de Derechos Humanos de la Universidad de Santo Tom s. Bajo su liderazgo, el Instituto ha recibido numerosos reconocimientos, incluyendo el Premio ARETE 2001 (”virtud” en griego) al Programa del A o por la Comisi n de tica y Fe P blica en el Condado de Miami-Dade. Joseph T. Eldridge es capell n universitario y profesor adjunto de la School of International Service de la Universidad Americana en Washington. Hasta llegar al puesto de capell n universitario en 1997, el reverendo Eldridge pas m s de veinte a os trabajando en el mbito de las pol ticas p blicas como defensor de los derechos humanos y como analista, tanto de este tema como de cuestiones humanitarias. En 1974 fue cofundador de la Washington Office on Latin America, una organizaci n dedicada al estudio de las pol ticas p blicas y la defensa de los derechos humanos, de la que fue director durante doce a os. Vivi en Santiago de Chile entre 1970 y 1973, donde trabaj para un organismo de la Iglesia Metodista Unida. Mark Falcoff es investigador residente en el American Enterprise Institute. Se doctor en la Universidad de Princeton y ha dado clases enlas de Illinois, Oreg n y California-Los ngeles. Sus libros incluyen Small Countries, Large Issues. Modern Chile, 1970-89: A Critical History, y A Culture of Its Own: Taking Latin America Seriously. Su nuevo libro, Cuba the Morning After: Normalization and its Discontents, ser publicado a mediados de 2003. 110
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January 18th, 2008

Spanish PDF.qxd 3/18/2003 9:57 AM Page 128 Cuba, la reconciliaci n nacional Notas biogr ficas Paloma Aguilar Fern ndez se doctor en ciencias pol ticas y sociolog a en 1995. Desde entonces, trabaja como profesora en el Departamento de Ciencia Pol tica de la UNED (Madrid). Tambi n ha impartido clases, como Tinker Professor, en la Universidad de Wisconsin-Madison (EE.UU.). Entre sus publicaciones destaca el libro Memoria y olvido de la guerra civil espa ola (Alianza Editorial, 1996; traducido al ingl s por Berghahn Books, Nueva York y Oxford, con el t tulo Memory and Amnesia. The Role of the Spanish Civil War in the Transition to Democracy). Roberto lvarez es un abogado y empresario dominicano. Ex diplom tico y funcionario (jur dico y de derechos humanos), de la OEA y consultor del BID, el ILANUD y Amnist a Internacional. Ha sido profesor en diversas universidades. Escribe para revistas y peri dicos dominicanos y estadounidenses sobre temas de derechos humanos y relaciones internacionales. Juan Antonio Blanco Gil (La Habana, 1947) fue profesor de filosof a en la Universidad de La Habana y de historia de las relaciones internacionales en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales (ISRI), as como diplom tico y analista de pol tica exterior del ministerio de Relaciones Exteriores y del Comit Central del Partido Comunista de Cuba (1972 1992). Fund y dirigi el Centro F lix Varela en La Habana (1993-1997). Actualmente reside en Canad y es Director de Cooperaci n Internacional de Human Rights Internet (desde 1998). Siro del Castillo (La Habana, 1943), ex preso pol tico, ha trabajado en favor de los derechos de los refugiados cubanos y de otras nacionalidades en Estados Unidos. Como comisionado para el Caribe de la Comisi n Latinoamericana por los Derechos y la Libertades de los Trabajadores y los Pueblos (CLADEHLT), participa activamente en la promoci n y lucha por los derechos humanos en la regi n. Tiene un largo historial de activismo c vico. En el a o 2000, recibi dos premios prestigiosos. En febrero, el Centro de Defensores de los Inmigrantes de la Florida le condecor con el Premio de Libertad y Justicia para Todos y en septiembre FACE lo seleccion para el Premio de Directores por sus servicios a la comunidad. 109
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January 16th, 2008

Spanish PDF.qxd 3/18/2003 9:57 AM Page 126 Cuba, la reconciliaci n nacional y el amor, pero tambi n en la verdad y la justicia. Por eso, cuando Marifeli me hizo el honor de invitarme a compartir este trabajo no vacil en aceptar, a n sabiendo que me encontrar a en un mbito de intelectuales, acad micos y profesionales que muy poco ten an que ver con mi mundo sindical. Sin embargo, est bamos partiendo de un tema com n a todos: Memoria, Verdad y Justicia como puente de plata para la reconciliaci n nacional. Era un reto que pon a a prueba nuestras experiencias y madurez. Es dif cil para los cubanos comprender que nuestras verdades no son absolutas y que tambi n existen otras que debemos tomar en cuenta para hacer un an lisis justo de nuestra historia y de nuestra realidad. Creo que esto se ha logrado en buena forma sabiendo que lo perfecto es enemigo de lo bueno. Se hizo mucho y tal vez m s de lo que esper bamos. El ejercicio de los grupos y las plenarias que en tres ocasiones durante casi dos a os se llevaron a efecto, nos ense aron a escucharnos, a reflexionar y a emitir criterios que est n plasmados en este informe. El acompa amiento de cualificados especialistas de diversos pa ses ha sido una contribuci n valiosa para nuestros prop sitos, que no son otros que elaborar una herramienta como la que aqu se muestra para el presente y el futuro de Cuba. Yo coincido en que, en efecto, la reconciliaci n ya comenz y que se hace necesario dotarla de elementos fundamentales que han sido probados en diversas situaciones para encontrar la paz. No hago comentarios espec ficos sobre los diversos cap tulos que aqu se abordan. Sin embargo, quiero darle importancia a las contribuciones hechas por diversos actores sociales dentro de Cuba, que enriquecen notablemente este trabajo. Cuba la reconciliaci n nacional, con justicia, tambi n ha abierto un espacio a los que no tienen voz. Es necesario que todos, dentro y fuera de Cuba, conozcan c mo piensan aquellos a quienes un inmovilismo contra natura les impide el acceso al universo de las ideas en la era del conocimiento . Quiero terminar expresando mi reconocimiento a la excelencia de la conducci n que tuvimos en el desarrollo de este trabajo, que encabez la genialidad creativa de Marifeli P rez-Stable, apoyada por la brillantez y coordinaci n de los profesores Jorge Dom nguez y Pedro Freyre, asistidos por un eficaz equipo administrativo. Ahora s lo el tiempo nos dar el veredicto final de este proyecto dirigido a la raz n y al coraz n de nuestros compatriotas. Nosotros apostamos al xito. Pedro P rez Castro 107
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January 15th, 2008

Spanish PDF.qxd 3/18/2003 9:57 AM Page 125 Cuba, la reconciliaci n nacional voracidad imperial de Estados Unidos y del entreguismo de sus peores hijos. Para llevar a cabo esa epopeya necesitan de la unidad sin fisuras del pueblo tras el l der y tras su sagrada palabra, que se estudia, como es sabido, en los centros de trabajo y en las escuelas, como las escrituras de una secta un nime dedicada a la transmisi n coral de las tradiciones de la tribu. Esa incapacidad del castrismo para el di logo o para revocar posiciones se vio (se volvi a ver) con absoluta claridad en la Feria del Libro de Guadalajara, a fines de 2002, cuando lo que hubiera podido ser un fecundo cambio de opiniones se convirti en un pogromo contra Rafael Rojas y otros intelectuales vinculados a la revista mexicana Letras Libres. El castrismo no quer a convencer, sino vencer. No quer a discutir sino insultar, callar al otro, aplastarlo. Por supuesto, qu otra cosa se puede hacer con gusanos que quieren la destrucci n de la patria? Naturalmente, se entiende con toda claridad la posici n del castrismo. Un r gimen montado sobre disparates y arbitrariedades como los que fundamentan la falsa legitimidad de esa dictadura no puede, por su propia esencia, abrirse al debate sin colapsar fulminado. Lo que nos precipita a descubrir la paradoja de Cuba, la reconciliaci n nacional: en el momento en que el castrismo sea capaz de concederle al otro humanidad o razones v lidas, en el momento en que se entregue a la duda sobre sus propios argumentos, o admita el car cter parcial y relativo de cualquier interpretaci n hist rica, se desploma irremisiblemente. Se trata de una construcci n verbal herm tica, y ese tipo de discurso no tolera remiendos o modificaciones. La atm sfera en que el castrismo vive es la del odio cierto, profundo y eterno. No puede reconciliarse porque en el instante en que asuma la humilde actitud intelectual y humana que requiere esa postura, se desintegra. Carlos Alberto Montaner En esta larga lucha, he sentido momentos de desaliento y frustraci n, constatando lo dif cil que se ha hecho encontrar la estrategia y las t cticas adecuadas para enfrentar exitosamente la rigidez de un sistema absoluto como el cubano. Sin embargo ning n esfuerzo ha sido en vano y los nuestros han encontrado instituciones e hospedaje web individualidades que comparten nuestra pasi n por la patria. Hace mucho tiempo que desterr de mi nimo los deseos de revancha y la voluntad de ojo por ojo y diente por diente . Comprend que una naci n no se construye sobre el odio y la venganza, sino mediante la comprensi n, la tolerancia 106
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Spanish PDF.qxd 3/18/2003 9:57 AM Page 124 Cuba,

January 14th, 2008

Spanish PDF.qxd 3/18/2003 9:57 AM Page 124 Cuba, la reconciliaci n nacional agresi n permanente contra Cuba en la poca. Esta pol tica implica colocar tambi n al gobierno de EE.UU. como responsable de lo que ocurri . La cuesti n que analizamos no fue simplemente un problema nacional. Quiero ratificar, finalmente, mi opini n de que la Revoluci n fue profundamente popular en la d cada del 60, por sus grandes logros en derechos sociales y por la nueva posici n que garantiz a sectores mayoritarios de la sociedad cubana. La p rdida de popularidad ha sido un proceso gradual, ante la creciente imposici n del autoritarismo, la represi n y la falta de opciones. Fernando Gonz lez Rey Vali la pena participar en este grupo de trabajo. Los reflexiones fueron sustanciosos y dejan como legado un documento inteligente que, sin duda, orientar el debate en la buena direcci n cuando llegue la hora de la transici n. Sin embargo, grosso modo, la tarea que se impuso el grupo congregado en torno al proyecto Cuba, la reconciliaci n nacional es imposible de llevar a cabo ahora. Una reconciliaci n, cualquiera que sea, implica admisi n de culpas, arrepentimiento y tolerancia hacia los criterios y las actitudes del otro. Eso es verdad cuando se reconcilian dos amantes, dos equipos deportivos, dos pa ses enemigos o dos segmentos enfrentados de una sociedad, como es el caso de los cubanos. Pero para la reconciliaci n, como para el tango, hacen falta dos partes, y aqu s lo hay y habr una: la de la oposici n democr tica. El castrismo, sencillamente, no comparece y se limitar a descalificar este esfuerzo como otra maniobra desestabilizadora de Estados Unidos. Por qu el castrismo no es capaz de aceptar sus errores, sus cr menes o sus excesos? Por qu sus adversarios son siempre gusanos, anexionistas, terroristas, agentes de la CIA o tipejos codiciosos vendidos al imperialismo? Porque en esas creencias y en esas posturas est la esencia del castrismo: se trata de un grupo que construye su discurso sobre la base de certezas inapelables basadas en lecturas delirantes de la historia, interpretaciones mesi nicas del propio rol de la clase dirigente y predicciones indiscutibles sobre lo que el destino les depara. O sea: estamos en presencia de unos se ores que son due os del pasado, del presente y del futuro. Ellos descienden directamente de la manigua mambisa, tras el intervalo vergonzoso y mediatizado de la Rep blica, y se han instalado con car cter permanente en la vida cubana para salvarla de la incansable 105
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Spanish PDF.qxd 3/18/2003 9:57 AM Page (Top web hosting) 123 Cuba,

January 13th, 2008

Spanish PDF.qxd 3/18/2003 9:57 AM Page 123 Cuba, la reconciliaci n nacional del grupo y considero que fueron buenas para el di logo alcanzado. La nica forma de superar muchos de los problemas que Cuba enfrenta hoy es reconoci ndolos, mostrando opciones de respuesta ante ellos y desarrollando una capacidad participativa de todos los cubanos en los destinos del pa s. Como Cuba, la reconciliaci n nacional bien expresa, esas son responsabilidades, en primer lugar, de los cubanos que viven en la Isla. Los que all residen no son representados ni por la lite oficial y conservadora que hoy se erige en vocero de todos los cubanos desde su poder pol tico, ni por los diferentes grupos de oposici n, aparecidos e institucionalizados por la propia pol tica de silencio impuesta. El pa s se tiene que pronunciar sin las farsas oficiales y manipuladas que se emplean hoy. De lo que no tengo dudas es de que, en crecientes sectores de la poblaci n hay una voluntad de cambio que tiene que ser asumida. En virtud del miedo generalizado a expresar lo que se piensa dentro de Cuba, o a perder las posiciones modestas que muchos tienen y que les permiten sobrevivir, se hace dif cil un pron stico sobre la realidad en la Isla, raz n por la cual el incentivo para el di logo, la reflexi n y la reconciliaci n es tan necesario en el momento actual. Es preciso abrir un proceso real y participativo, que integre a representantes de todos los sectores y que conceda voz y voto a todos los cubanos, dentro y fuera de Cuba, que ven el pa s desde diferentes perspectivas y que, por tanto, manifiestan contradicciones reales y necesarias. Este grupo de trabajo marca un primer momento y apunta en esta direcci n: no tiene ninguna voluntad de poder pol tico o de hegemon a, sino que simplemente pretende abrir un proceso necesario alrededor de una historia y unas memorias que nos dividen. Su discusi n es importante para toda integraci n y reconciliaci n nacional. Aunque hoy todav a a muchos les cueste trabajo reconocerlo, tanto en Cuba como fuera hay personas de valores y principios, al igual que existen oportunistas en ambos sectores. Los valores humanos no se definen a priori por un tipo de posici n u otra, sino por la forma y los objetivos que se persiguen al asumirlas. Es cierto, como se expresa en la presentaci n de este informe, que se cometieron violaciones de los derechos humanos por parte del gobierno cubano, as como abusos por parte de la oposici n en los a os 60. Sin embargo, cuando se expresa que el mayor responsable de estos atropellos fue el gobierno cubano, por los recursos que todo gobierno tiene para evitarlo, tambi n debe considerarse el apoyo del gobierno americano a algunos sectores de la oposici n, as como su postura de presi n y 104
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Spanish PDF.qxd 3/18/2003 9:57 AM Page 122 Cuba, (Aplicaciones web php)

January 12th, 2008

Spanish PDF.qxd 3/18/2003 9:57 AM Page 122 Cuba, la reconciliaci n nacional cubanos de la Isla y su gobierno, por otro. La creaci n de una cultura m s pluralista y tolerante es un proceso que debe alentarse mediante el di logo y el intercambio de opiniones. Joseph T. Eldridge Como indica el informe, quienes lo hemos firmado no estamos necesariamente de acuerdo con la redacci n de todos sus puntos y ni siquiera con cada uno de sus comentarios. Sin embargo, s lo estoy especialmente con el tono moderado, conciliador y autocr tico que los cubanos de ambas orillas del Estrecho de Florida habr n de adoptar para alcanzar una aut ntica reconciliaci n nacional; algo que ser a enormemente beneficioso para todas las partes afectadas, entre ellas Estados Unidos. Creo que uno podr a defender algunas pol ticas pasadas de EE.UU. y el informe no lo hace, pero puede que esta postura s lo refleje mi propio sesgo pol tico y nacional (he sido uno de los pocos ciudadanos de EE.UU. sin ra ces cubanas que ha participado en el proyecto). En cualquier caso, como en mi pr ximo libro me ocupo exhaustivamente de las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos, no creo que mis ideas puedan ser malinterpretadas. Aunque, en principio, no estoy en contra de la pena de muerte en casos de alta traici n o de ciertos delitos violentos, no me sentir a c modo defendi ndola para Cuba en las circunstancias actuales. En una Cuba democr tica, esta decisi n recaer a en un gobierno electo y yo respetar a cualquier resoluci n que ste tomara sobre la materia. Mark Falcoff Como grupo conseguimos dialogar y elaborar un documento entre personas con posiciones diferentes aunque, desafortunadamente, no contamos con representaci n de quienes viven en Cuba hoy, dadas las limitaciones establecidas por el gobierno cubano para participar en foros de este tipo. Esto, sin duda, limita las visiones aut nticas y diversas que tambi n existen en Cuba sobre la cuesti n que el informe trata. En mi caso, vivo en el exterior como resultado de la decisi n arbitraria de no dejarme entrar en el pa s. Sin embargo, tuve una militancia hist rica hasta fines de los noventa. Esto marca diferencias con otros miembros 103
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Spanish PDF.qxd 3/18/2003 9:57 AM Page (Web hosting gratis) 121 Cuba,

January 11th, 2008

Spanish PDF.qxd 3/18/2003 9:57 AM Page 121 Cuba, la reconciliaci n nacional americana, puesto que quienes albergan diferentes perspectivas sobre la Isla aprenden a debatir sus ideas, en vez de intentar imponerlas por la fuerza. Sin embargo, la reconciliaci n pol tica entre la comunidad de exiliados y la Isla sigue siendo una esperanza lejana. En este informe se indica de modo convincente que para que haya una aut ntica reconciliaci n ser necesario crear una cultura, tanto en Cuba como en la di spora, m s tolerante con las diferencias y m s comprometida con el pluralismo que la existente hoy en d a. Del mismo modo, el informe se ala que una Cuba democr tica y pluralista deber enfrentarse a su pasado y al historial de violaciones de los derechos humanos que ha venido marcando a Cuba, sobre todo en los a os 60. Estoy de acuerdo en que Cuba debe enfrentarse a su pasado y creo que este informe constituye una provechosa aportaci n, al reconocer que hay que abordar las violaciones de los derechos humanos registradas en ambos lados: tanto las cometidas por el gobierno cubano como las de sus oponentes. La evaluaci n de estos abusos debe realizarse enmarc ndolos dentro de un amplio contexto, no para justificarlos, sino para comprender en profundidad a qu fuerzas sociales y pol ticas afectan. Las t cticas empleadas por Castro deben contemplarse a la luz de un escenario en el que, para los funcionarios cubanos, la absoluta hostilidad de Washington amenazaba la propia existencia del gobierno cubano. La tragedia del 11 de septiembre de 2001 ha puesto de manifiesto las extraordinarias medidas de seguridad adoptadas por la administraci n de George W. Bush, que para muchos est n erosionando las libertades civiles b sicas que definen la esencia de la democracia estadounidense. La alusi n a amenazas externas nunca deber a ser utilizada para justificar la imposici n de l mites a las libertades fundamentales, ya sea en Estados Unidos o en Cuba. En este momento, puesto que es improbable que Cuba experimente un cambio de gobierno fundamental en un futuro pr ximo -ni siquiera despu s de Castro-, hay pocas posibilidades de que el pa s se enfrente pronto a su pasado mediante una comisi n de la verdad u otro m todo similar. No obstante, esto no significa que el proceso de reconciliaci n no pueda avanzar. No se debe interpretar que el presente informe pretenda se alar que los cubanos del exterior no hayan de dialogar con el gobierno cubano, planteando un balance completo del pasado como condici n imprescindible para establecer contactos. Creo que es importante fomentar la discusi n y el di logo entre el exilio cubano y la comunidad cubano-americana, por una parte, y los 102
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